Historia

 

 

 

 

 

 

 

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La villa de Murla tiene su origen en una alqueria medieval de época musulmana que crece en torno a la fortaleza de Pop (actual templo parroquial), cuya antigüedad se remonta muy posiblemente al siglo XI, a falta de hallazgos arqueológicos del subsuelo que determinaran una época anterior. Dominando el acceso al Valle de Pop, ejerció la capitalidad del mismo siendo el único núcleo de cristianos viejos de la comarca hasta llegar a las cercanas poblaciones de Benissa y Denia. Entregada, según el Llibre del Repartiment, a Vidal de Vilanova, fue asimismo señorío de la familia de Joanot Martorell, llegando finalmente a propiedad de los Duques de Gandía y condes de Oliva.

(CFR. S. Giner Guerri. Historia de Murla).

En 1244, con la firma del “pacto de la Jovada”, Al-Azraq entregaba al infante Alfonso, entre otras posesiones, el castillo de Pop y su adjunta alquería de Murla, que más tarde recuperaría al sublevarse contra el monarca cristiano. Liberados en 1257, fueron cedidos a Carroz, señor de Rebollet, junto con los castillos de Alaguar y Aixa o Jalón, para su tenencia y custodia. En 1262 se creó el municipio de Murla y su primer señor fue el infante Don Pedro, con lo cual el lugar continuó perteneciendo al Patrimonio Real.

El 4 de febrero de 1272, Jaime I de Aragón concedía la alquería de Murla a Bernat de Molins “...quedando salvo para Carroz el violario que tiene en dicha alquería”. El 18 de octubre de 1279, Pedro III otorgaba permiso a Bernat de Molins para poblar esta alquería con 30 familias musulmanas. Tras Bernat de Molins, Murla pasaría mediante venta a Berenguer de Mercer. En 1296 Jaime II donó el castillo de Pop a su privado Ramón de Vilanova, de quien pasó a su hijo Vidal de Vilanova, uno de cuyos descendientes, del mismo nombre, adquirió la alquería de Murla a la familia Mercer. Tras haber pertenecido por un tiempo al conde de Cardona, en tiempos de Pedro IV quedó nuevamente incorporada al patrimonio real. En 1323 Murla pasaba a manos de Pedro de Ribagorza. A lo largo de su historia, Murla fue objeto de numerosos procesos de compra-venta, en los que, además de los Vilanova -que permanecieron ligados a la villa durante más de un siglo-, participaron los Martorell y los Castellví. En la segunda mitad del siglo XV (1460), Juan II vendía Murla al conde de Oliva, Francisco Gilabert de Centelles. Con posterioridad pasó a pertenecer al conde de Gandía, a los conde-duques de Benavente y a los duques de Osuna. Murla fue una población mixta de cristianos viejos y moriscos, en la que predominaron los primeros.

Expulsión de los moriscos. Pere Oromig (Valencia. Colección Bancaixa)
Detalle del lienzo anterior

Hasta la expulsión de los moriscos (1609) mantenía una población mixta que se repartía casi por mitades (75 fuegos cristianos por 66 moriscos). Tras el decreto de expulsión, los moriscos se unieron a la revuelta del Valle de Alauar y serían duramente represaliados.

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