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Historia de Murla 

La magistral "Historia de Murla" de Giner Guerri
(Artículo de Cristóbal Zaragoza, ‘Premio Planeta de novela’, aparecido en el periódico Información, de Alicante, el 2 de noviembre de 1996)

Al Instituto de Cultura alicantino Juan Gil Albert le cabe la satisfacción de haber publicado esta obra de Severino Giner Guerri, cronista general de la orden de las Escuelas Pías. El autor, doctor en Filosofía, Historia y Teología por la Pontificia, reside en Roma hace muchos años y suele veranear en su pueblo, Murla, desde el que hace diversas excursiones por la Marina Alta. En una de estas aterrizó por casa acompañado de Bernard Capó. Desde entonces ninguno de los dos faltamos a la cita veraniega y, como hombre sabio y buen conversador que es, se nos va el tiempo sin sentir en la terraza del bar de cualquier pueblo. Los lugareños, supongo, ven en él al veraneante más o menos ocioso con su camisa de manga corta, sin sospechar siquiera al gran erudito y minucioso historiador, persona cultísima, que oculta su informal indumento. Los sentidos, sabido es, mienten contantemente.
Durante la última primavera asistí, en Murla, a la presentación del libro "Historia de Murla" (466 pp. en folio imperial a doble columna. Gil Albert, Alicante, 1995, con depósito de 1996), que no llegó a mis manos hasta hace unas cuantas semanas. Quedé maravillado, no solo por su contenido sino por la severidad de su cúbita, la torre murleña y, sobre la porción almenada, el más acertado de los azules, el característico del cielo alicantino. Ni una sola tonalidad más o menos intensa de nuestro cielo aquí, en la Tierra: la exacta, la precisa. Obviamente el título de la obra y el nombre del autor, Severino Giner Guerri, Sch. P. En las solapas, ni una foto del autor ni la menor reseña bibliográfica. Gran acierto tal parquedad, reveladora de la modestia del autor.

El buen gusto sigue presente al hacer la obligada hojeada inicial, ya que el libro carece de ilustraciones, salvo la acertada panorámica urbana del pueblo, en blanco y negro. Después, la gozada de su lectura. En una prosa que como en las mejores sinfonías, avanza con firmeza de quien conoce el idioma hasta el más hondo telurismo, y que se diversifica in crescendo, según la temática, del localismo del lugar a la comarca, y crece arborescente, baronías, condados, ducados, los reinos de la Corona de Aragón, la lejana nación de la vieja Europa todavía en pañales, como ocurre por ejemplo con la codiciosa Britania que conoció Tirant lo Blanch a través de la mirada penetrante de Joanot de Martorell, cuyos ancestros tuvieron su origen en Xaló e hicieron sus primeras correrías infantiles en el valle de Pop.

Estamos, pues, ante una historia universal, o historia de las Españas y su relación con la Europa feudal, cuyo ombligo simbólico resulta ser el pueblo de Murla. Desde el que oteamos los lugarejos más tristes y las baronías de sus alrededores. La de Orba, por ejemplo, con los nombres y apellidos de las familias cristianas que la repueblan, con el famoso castellet, que por cierto resulta no haber sido nunca moro, como prueba documentalmente Giner Guerri hasta agotar el tema. Que es otra de las cuestiones a considerar: la abundancia de crónicas consultadas, los numerosos archivos visitados, el material bibliográfico que aporta Giner Guerri, así como una selección de pergaminos que incluye en su apéndice documental por desgracia necesariamente limitado. En suma, la obra de un erudito consumado que, al referirse a la historia de su pueblo natal, hace la historia de la comarca, apéndice del Reino Valenciano-Catalano-Aragonés.
Una lecutra apresurada de los veinte interesantísimos capítulos de que consta la "Historia de Murla" nos permite ver su contenido, desde la prehistoria, los pueblos colonizadores, la dominación romana, germánica, bizantina y árabe, hasta la aventura del Cid Campeador en el valle del Pop, pasando por la conquista de Jaime I, la rebelión de Al-Azdraq, la visión de alquería de Murla y el feudo de su castillo, el señorío de dicho lugar hasta la incorporación al condado de Oliva para terminar, en esta primera e interesante fase en la época imperial, con las Germanías cercana ya la "capitalidad" comarcal de la villa de Murla. La historia sigue con el desastre de la expulsión de los moriscos, la llamada batalla de Petracos, la repoblación, el bandolerismo y, por último, el fin del dominio señorial, hasta llegar a las Cortes de Cádiz y la emancipación definitiva de los pueblos del dominio señorial.

Una obra magna, esta Historia de Murla, que deja en su lugar los acontecimientos históricos de la comarca, "desface" entuertos y malentendidos, rompe los viejos esquemas mentales del lugareño y, en definitiva, aporta a la cultura de la comarca un serio soporte histórico inamovible, del que tan necesitado estaba.

 

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