Historia de Murla
La magistral "Historia de Murla" de Giner Guerri Al Instituto de Cultura alicantino Juan Gil Albert le cabe la satisfacción de haber publicado esta obra de Severino Giner Guerri, cronista general de la orden de las Escuelas Pías. El autor, doctor en Filosofía, Historia y Teología por la Pontificia, reside en Roma hace muchos años y suele veranear en su pueblo, Murla, desde el que hace diversas excursiones por la Marina Alta. En una de estas aterrizó por casa acompañado de Bernard Capó. Desde entonces ninguno de los dos faltamos a la cita veraniega y, como hombre sabio y buen conversador que es, se nos va el tiempo sin sentir en la terraza del bar de cualquier pueblo. Los lugareños, supongo, ven en él al veraneante más o menos ocioso con su camisa de manga corta, sin sospechar siquiera al gran erudito y minucioso historiador, persona cultísima, que oculta su informal indumento. Los sentidos, sabido es, mienten contantemente. El buen gusto sigue presente al hacer la obligada hojeada inicial, ya que el libro carece de ilustraciones, salvo la acertada panorámica urbana del pueblo, en blanco y negro. Después, la gozada de su lectura. En una prosa que como en las mejores sinfonías, avanza con firmeza de quien conoce el idioma hasta el más hondo telurismo, y que se diversifica in crescendo, según la temática, del localismo del lugar a la comarca, y crece arborescente, baronías, condados, ducados, los reinos de la Corona de Aragón, la lejana nación de la vieja Europa todavía en pañales, como ocurre por ejemplo con la codiciosa Britania que conoció Tirant lo Blanch a través de la mirada penetrante de Joanot de Martorell, cuyos ancestros tuvieron su origen en Xaló e hicieron sus primeras correrías infantiles en el valle de Pop. Estamos, pues, ante una historia universal, o historia de las Españas y su relación con la Europa feudal, cuyo ombligo simbólico resulta ser el pueblo de Murla. Desde el que oteamos los lugarejos más tristes y las baronías de sus alrededores. La de Orba, por ejemplo, con los nombres y apellidos de las familias cristianas que la repueblan, con el famoso castellet, que por cierto resulta no haber sido nunca moro, como prueba documentalmente Giner Guerri hasta agotar el tema. Que es otra de las cuestiones a considerar: la abundancia de crónicas consultadas, los numerosos archivos visitados, el material bibliográfico que aporta Giner Guerri, así como una selección de pergaminos que incluye en su apéndice documental por desgracia necesariamente limitado. En suma, la obra de un erudito consumado que, al referirse a la historia de su pueblo natal, hace la historia de la comarca, apéndice del Reino Valenciano-Catalano-Aragonés. Una obra magna, esta Historia de Murla, que deja en su lugar los acontecimientos históricos de la comarca, "desface" entuertos y malentendidos, rompe los viejos esquemas mentales del lugareño y, en definitiva, aporta a la cultura de la comarca un serio soporte histórico inamovible, del que tan necesitado estaba.
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